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martes, 26 de abril de 2011

Mi amante Bogotá…



Transmilenio, parte fundamental de la identidad Bogotana.
 

Las formas extrañas, antiguas, fachadas sucias, corroídas, desgastadas, carcomidas por el paso de los años, acompañan  olores cual baúl de anciano que guarda sus prendas poseídas por polillas, que se aromatizan por los inciensos de los hippies que salen a vender sus “cachivaches”, o metalero que prende su porro frente a la vieja fuente que adorna el centro de la plazoleta del chorro de Quevedo, mientras la gente camina por las calles de la mítica candelaria, los colores brillan y resaltan por doquier, el ambiente se prende en jolgorio y algarabía.

Cuenteros se roban la atención de los curiosos que se acercan a probar un poquito de su espectáculo, el frio hace presencia en los asistentes y la gallera que rodea al artista sirve para reunir la gente entorno a un litro de vino que se rota entre un grupo de estudiantes, que carcajea por el efecto del alcohol que se mezclo con un vaso de chicha bebido previamente  en el callejón de entrada, turistas toman fotos, alegres visitan tiendas, se prueban ropa, manillas, collares, los comerciantes del lugar hacen su agosto con la ingenuidad del “gringo”  ellos felices se pasean, contemplan los cálidos espacios que brinda el lugar, porque la verdad el entorno que brinda el chorro es mágico se respira historia, uno se logra untar un poco de esa Bogotá que nos cuentan los viejos, los abuelos esos que le hablan a uno de Gaitán, del bogotazo, de los liberales en contra de los godos, de las fotos donde la plaza de bolívar tenia pasto y el tren pasaba en frente de CityTV, esa que nos relatan los viejitos nutridos de historia de la capital,… la capital que los recibió un día en la terminal con dos maletas en la mano, una ruana carmelita y el sombrero de pluma, más 3 centavos en el bolsillo, ajj que bonita ésa Bogotá, de ésa gente, y de ésa época!

Pero no nos salgamos del contexto del análisis, los viernes en la noche el ambiente es ahora fiesta, se ve toda clase de peinados, de vestimentas de razas, etnias, culturas de esas que están tan de moda, de aretes, de piercings, tatuajes, también los niños de buenas universidades (digo buenas, por no decir costosas) haciendo malabares, escupiendo fuego por la boca pidiendo colaboraciones, luego ebrios se pueden observar tirados, remplazando las figuras de personajes reconocidos históricamente que alguna vez hicieron parte del gran muro de cuadros que embellece este reconocido lugar.

En el chorro hay de todo para todo tipo de persona, todas las clases, todos los estratos es un lugar Cosmopolitan, de diferentes partes del mundo lo visitan, tampoco es difícil encontrarse con gente reconocida del medio en sus alrededores tales como actores, cantantes, políticos en campaña o tan solo uno que otro personajillo sentado en una de las bancas o escalones, llevando a cabo una lectura o observando algún teatrero ladino, estas situaciones se repiten día tras día enriqueciendo  la historia de La Capital, que a veces fría, lluviosa e insegura no dejará de ser mi amante Bogotá…

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